La huella humana de mi proyecto está hecha de las caras, las voces y los corazones de las niñas y los niños que caminaron conmigo en Voces de Resistencia. Cada uno de ellos dejó en mí una marca profunda y luminosa: su entusiasmo, sus preguntas, sus silencios, sus historias y su forma única de habitar el salón transformaron este proceso en algo vivo y auténtico.
Estoy infinitamente agradecida con ellos, porque sin su entrega y su confianza nada de lo que construimos habría sido posible. Sus cartas, dibujos, abrazos, regalos y pequeños gestos de cariño son más que detalles: son señales de que el proyecto tocó sus vidas y que, de alguna manera, abrió espacios para sentirse vistos, escuchados y acompañados.
Esta huella humana es el testimonio del impacto mutuo que compartimos. Ellos crecieron conmigo, y yo crecí gracias a ellos.









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